Las contracturas no son graves, pero sí habituales. Y una vez que aparecen, no queda otra que “echarlas”. Pero Atención: no conviene que hagamos justicia por mano propia a través de masajes improvisados o de medicamentos que nos recomendaron. Como en todo lo que se relaciona a la salud, lo aconsejable s visitar al médico o al fisioterapeuta para que verifique la existencia y el tipo de contractura que tenemos, y nos indique el medio más apropiado para erradicarla. Existen diversas soluciones y tratamientos:
Medicamentos miorrelajantes y antiinflamatorios:
Los laboratorios disponen de una nutrida gama de fármacos para relajar la musculatura y reducir la contracción. Es conveniente recurrir a ellos cuando el dolor es fuerte, y siempre baja prescripción médica.
Masajes Profesionales:
Siempre que sean administrados por un profesional, los masajes aplicados sobre la contractura provocan un aumento del flujo sanguíneo que mejora la recuperación de los tejidos e incentiva la limpieza de los deshechos metabólicos. Además, propician la relajación del músculo, reduciendo la tensión y, por tanto, el dolor.
Aplicación de calor (Termoterapia)
El calor localizado en la zona afectada genera un efecto relajante y analgésico. Las almohadillas térmicas son una buena alternativa.
Terapias Alternativas y rutinas físicas:
Las terapias alternativas como la acupuntura, la reflexología y la magnetoterapia, han probado lograr resultados positivos en el tratamiento del dolor y las tensiones. Además la práctica de yoga o de Pilates, entre otros métodos, ayudan a aumentar la capacidad de resistencia física, a alcanzar mayor relajación y a mejorar la postra corporal.
Elongación
El estiramiento controlado del músculo y el ejercicio acuático ligero sirven para rehabilitar la zona tras la etapa más grave de la contracción.
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